En los cines de Rosario: “¿Quién mató a mi hermano?”

https://vimeo.com/314554594?fbclid=IwAR3lnGrE-rqlllu0w_7rZHZCutvwCJe8ApMPZeK558fiVAYPOIoLp1P68P4

Llegó la hora. La película que ronda la historia de Luciano Arruga y el grupo de Familiares y Amigos se estrenará este jueves 26 de septiembre.
Aquí las salas en las que podrá verse.
Es imprescindible verla, comentarla, difundirla.

¡Luciano Arruga PRESENTE!

SALAS ¿Quién mató a mi hermano?
26/9

Gaumont CABA (dos funciones diarias 15:30 y 20:00)
Cinema City Gral Paz CABA (una función)
Showcase Haedo (tres funciones)
Showcase Córdoba (tres funciones)
Village Rosario (tres funciones)
Cinemark Mendoza (tres funciones)
Hoyts Rosario (tres funciones)
Hoyts Quilmes (tres funciones)

#QuienMatóAMiHermano
#AnaFraile #LucasScavino #LaRetaguardia #LucianoArruga #VanesaOrieta #CineNacional #CineGaumont #GatilloFácil

Aytozinapa 43 – Un Mismo Grito De Justicia Latinoamericano

A 5 años de la desaparición forzada de los 43 normalistas en México, el Colectivo de Rosario con Ayotzinapa, realiza una convocatoria pública.

Compartimos la grilla de actividades.

https://www.facebook.com/events/2855423561137703/?event_time_id=2855423564471036

· Martes 24 de septiembre:

18:00hs – MUSEO DE LA MEMORIA

Acción Performática

Con la participación del Centro de Estudiantes del Normal 2

18:30 hs – COLEGIO NORMAL Nro 2

Panel Conversatorio con presencia de:

-Ivan Torres, de Rosario con Ayotzinapa

-Indalecio Medina y Alejandra Díaz, del Colectivo Colombia en Rosario

-Luciana Escobar, hermana de Gerardo "Pichón" Escobar, víctima de violencia institucional.

-Juan Pablo Casiello, de Amsafe Rosario

· Jueves 26 de Septiembre

17 hs PLAZA 25 DE MAYO

Ronda y acto en la Ronda de Madres Plaza 25 de Mayo.

CONVOCAN Y ADHIEREN:

Colectivo Rosario con Ayotzinapa, Ronda Madres de Plaza 25 de Mayo, Museo de la Memoria, Centro de Estudiantes Normal N° 2, Amsafe Rosario, Colegio Normal 2, Colectivo Colombia en Rosario, Pañuelos en Rebeldía, Izquierda Socialista, Cátedra Arquitectura DDHH y memoria de la facultad de Arquitectura de la UNR, Casa de la memoria, MAIZ (Movimiento amplio de izquierda), Caleidoscopio, Arquitectura del Sur Colectivo, La Corriente Mujeres, La Corriente Nacional de la Militancia, Espacio cultural y de resistencia La Otra Casa, Mestizas, Radio Popular Che Guevara / FM 103.1 Rosario.

Aytozinapa 43 – Un Mismo Grito De Justicia Latinoamericano.

13 años … de Impunidad .

https://www.youtube.com/watch?v=JeARx1vVRdg

(Fuente: Izquierda Diario)

La primera desaparición de López

En los años 70 Jorge Julio López colaboraba en una unidad básica impulsada por Montoneros en el barrio platense de Los Hornos, donde vivió casi toda su vida. Tras ser secuestrado el 27 de octubre de 1976 pasó por varios centros clandestinos de detención del circuito Camps, de los cuales Etchecolatz era el responsable: la estancia La Armonía en Arana y las comisarías quinta y octava de La Plata.

El 4 de abril de 1977 fue “legalizado” (es decir blanqueado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a cargo de la junta militar) en la Unidad 9 de La Plata, donde permaneció como preso político hasta el 25 de junio de 1979.

En aquel momento, entre marzo de 1976 y hasta enero de 1979, Etchecolatz fue director general de Investigaciones de la Policía Bonaerense.

El día que volvió a desaparecer

El 18 de septiembre de 2006 Julio López desapareció luego de salir a la mañana de su casa de Los Hornos. Se dirigía al centro de La Plata a escuchar la sentencia de un juicio que fue histórico. Era el primero que se iniciaba luego de que fueran declaradas nulas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la Corte Suprema las declarara inconstitucionales.

Además, después de treinta años de lucha, se estaban juzgando por primera vez como hechos ocurridos en el marco de un genocidio los secuestros, torturas y crímenes que, bajo las órdenes del Estado, llevaron adelante las fuerzas represivas para aniquilar a una generación de obreros, intelectuales y estudiantes militantes que luchaban por cambiar de raíz la sociedad.

Su testimonio en ese juicio fue central, ya que detalló cómo el propio Etchecolatz dirigía y ejecutaba las sesiones de tortura y los asesinatos. Él vio con sus propios ojos las ejecuciones de Patricia Dell’Orto y Ambrosio De Marco. Su relato de aquellos hechos fue esencial para lograr la condena del genocida.

Julio López había declarado por primera vez en los llamados Juicios por la Verdad, instancias judiciales que solo servían para recolectar testimonios pero sin efectos condenatorios de ningún tipo, ya que estaban vigentes las leyes de impunidad y los indultos pactados entre los genocidas y el régimen político radical- peronista.

López dio testimonio el 7 de julio de 1999. Allí relató los tormentos que sufrieron él y el resto de sus compañeros y compañeras, los asesinatos que vio y describió cómo Etchecolatz era responsable directo de todo eso.

Volvió a declarar en la instrucción de la causa contra este genocida el 16 y el 30 de noviembre de 2005 y, finalmente, declaró en el juicio oral el 28 de junio de 2006.

Monumento a la impunidad

Así definió desde el principio a la causa por la desaparición de López la recordada Adriana Calvo, fundadora y máxima referente de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y quien junto a las abogadas Myriam Bregman y Guadalupe Godoy fueron parte del núcleo denunciante desde un inicio de la desaparición.

La AEED, integrada por sobrevivientes de los horrores más brutales de la dictadura, como la misma Calvo, Nilda Eloy y Enrique Fuckman, fue de vital importancia para que López tomara la decisión de dar testimonio luego de dos décadas de silencio (incluso intrafamiliar).

Hoy, cuando el gobierno de Mauricio Macri, plagado de negacionistas progenocidio, lleva cuatro años de gestión, es natural denunciar su nula intención de que se sepa qué pasó con López y su más nula voluntad de ajusticiar a sus desaparecedores. Pero de los doce años de impunidad en el caso, Macri estuvo en la Casa Rosada apenas un cuarto. Nueve años y tres meses de esa impunidad se dieron bajo gobiernos kirchneristas.

La definición temprana de Calvo sobre la causa hoy cobra un sentido lapidario. Cuando la lanzó por primera vez aún gobernaba Néstor Kirchner, el líder peronista que luego de mandar a reprimir a las Madres de Plaza de Mayo de Santa Cruz en 2001 vio que apoderarse de la bandera de los derechos humanos desde la Casa Rosada, luego del “que se vayan todos”, podía redituarle mucho políticamente.

Cuando desapareció López, Kirchner se preocupó mucho por las consecuencias políticas del caso. Públicamente habló del “compañero Tito” (como le decían a Julio), de su “compromiso” por llegar a la verdad y la justicia y de la casi seguridad de que bandas “parapoliciales” estuvieran detrás del crimen. Pero mientras se mostraba compungido para la tribuna, sus funcionarios nacionales y los de Felipe Solá (entonces gobernador bonaerense) sellaban el más abyecto pacto de impunidad con la Policía formada por Camps y Etchecolatz.

Desde el “progre” Aníbal Fernández diciendo que Julio podía estar en la casa de una tía hasta las huestes de Jaime Stiuso operando de mil maneras (a las órdenes de algún superior, obvio) para plantar pistas falsas y rodear a la familia López con zanahorias podridas, pasando por el nulo aporte de los más mínimos elementos de prueba y por un Poder Judicial abocado a mirar para cualquier lado menos para el de la verdad, el Estado hizo todo lo que estuvo a su alcance para que López no apareciera, ni vivo ni muerto.

Leé también Myriam Bregman: “Para saber qué pasó con Julio López hay que abrir los archivos de inteligencia”

¿Tan difícil resultaba centralizar indicios para desentrañar la madeja en la que quedó atrapado un albañil de 77 años que no quería esconderse de nadie, que caminaba todo el tiempo por las calles de una ciudad superpoblada y que no tenía vínculos ni relaciones turbias con nadie? Parece que sí.

Al menos resultaba tan difícil como meterse con los máximos sospechosos de un caso que conmovió al país por su brutalidad y mensaje. Fue el propio León Arslanián, entonces ministro de Seguridad bonaerense, quien les confesó a los organismos de derechos humanos que alrededor del caso se estaba jugando la “gobernabilidad” de la Provincia y que por eso, palabras más palabras menos, meterse con los sospechosos no era conveniente. Y así fue.

Obviamente los aliados del kirchnerismo siempre repartieron culpas a conveniencia. Que los jueces, que los fiscales, que la Policía de siempre. Hasta hubo quienes creyeron (y lo transformaron en una denuncia penal) que la responsabilidad de lo que le pasó a López estaba en manos de los propios organismos de derechos humanos que le habían dado el impulso para que sacara toda su verdad afuera y diera su invalorable aporte para la Memoria, la Verdad y la Justicia. Canalladas que, en definitiva, no son más que un penoso capítulo de esta larga historia de impunidad.

A trece años de esa nueva desaparición en “democracia”, en la “investigación” judicial no hay ni un solo imputado de los múltiples sospechosos.