INSEGURIDAD

Frente a prédica de los medios masivos de comunicación social que sirven y responden al sistema político, económico y social de nuestros días, que moldean el pensamiento egoísta y el deseo individualista de la clase media y que pretende hacer recaer las causas de la inseguridad sobre los pobres, en su mayoría adolescentes y jóvenes, nos atrevemos a expresar nuestro punto de vista militante y popular, tratando de aportar a la construcción de un enfoque humanista, crítico y sincero sobre la cuestión.


Pretendemos no ser funcionales a este sistema que, absurda, cínica e hipócritamente termina criminalizando a los pobres y a los luchadores sociales que resisten denunciando las causa reales de la inseguridad.
Asimismo, rechazamos el circo electoral demagógico que los mismos medios de comunicación social nos presentan de continuo con esa lectura frívola y mentirosa acerca de las causas y las soluciones sobre la inseguridad. Afirmamos que estas soluciones no pueden reducirse a simples prácticas de saneamiento o epidérmicos retoque legales e institucionales. Deseamos ir a las causas profundas y no quedarnos en las consecuencias.
Lo que el mercado exige de los gobiernos es un ambiente seguro para su tasa de ganancia ofreciendo solamente más flexibilización laboral y despidos masivos, es decir más inseguridad para el pueblo trabajador y mas y mas libertad y ganancia para las “fuerzas del mercado”, lo cual es aceptado como un resultado inevitable. Gobierno y mercado son así socios inseparables.
“Hacer algo” o que se vea que se hace algo para luchar contra el crimen que amenaza la seguridad personal es una opción con un gran potencial electoral. Medidas como la construcción de nuevas prisiones, leyes y penas más duras hacen subir la popularidad de los gobiernos que pretenden demostrar fortaleza y determinación para lograr la seguridad personal. Importa más la espectacularidad que la efectividad de las medidas.
Cualquier cosa que se haga por la seguridad personal es más espectacular y televisable que cualquier intento por atacar las causas más profundas y aparentemente más abstractas del mal que se debe tratar.
En la preservación de este tipo de “orden”, las acciones cometidas por los excluidos del sistema tienen más posibilidad de ser incluidas en el Código Penal.  Al robo de las riquezas de naciones enteras se lo llama “promover el libre comercio”. Dejar familias o comunidades enteras sin alimentos se llama “racionalizar” y ninguna de estas cosas aparecen como actos criminales y punibles porque pertenecen a las altas esferas del poder político y económico donde los delitos se escudan tras una red impenetrable de complicidades, corporativismo, relaciones empresariales, etc.
En las ciudades de Rosario y Santa Fe más del 60% de los niños y adolescentes están en la pobreza y de ellos, más de la mitad vive en la indigencia y estas cifras están en aumento.
En el Gran Rosario, la brecha de sueldos entre los que más ganan y los que menos ganan es de 50 veces mientras que en el Gran Santa Fe es de 43.
La otra cara de esta misma realidad es el poderoso complejo agroindustrial instalado en la misma zona al servicio de un modelo agrario concentrado y dominado por el monocultivo de soja y su paquete tecnológico dependiente, contaminador y criminal. ¿Quién nos defiende y defiende la casa común de todos?
Habría que preguntarse además: ¿cuantos pobres se necesitan para producir un rico?
En un sistema de exclusión como el que vivimos, la inseguridad no es un efecto indeseable del modelo imperante sino parte inseparable del mismo y por lo tanto es un problema político que no se puede resolver con más policía.
La presidenta de la nación ha dicho que la inseguridad se combate con más trabajo mientras anuncia la incorporación de la gendarmería a la represión, la reincorporación de 4.000 policías y un presupuesto adicional de 400 millones para reforzar un sistema represivo plagado de corrupción, gatillo fácil, cárceles inhumanas pobladas de pobres, etc.
Mientras esto se anuncia, el pueblo argentino está sumido en una epidemia de dengue sin precedentes, evidenciando que la desidia expuso al sistema de salud al ser derrotado por un mosquito.
Los habitantes de Tartagal, que han perdido absolutamente todo debajo del barro, fueron también víctimas del discurso oficial que se empeñó en hacer aparecer el desastre como una “catástrofe natural” cuando se sabe que estos aludes son generados por la deforestación destinada a expandir la frontera agrícola en beneficio de unos pocos, con la complicidad del gobierno provincial.
Estos son solo ejemplos de que en cada región y en cada lugar, el modelo muestra una cara distinta de su misma esencia y en los centros de mayor población, la violencia, la inseguridad y la exclusión tal vez sean sus peores expresiones.
Se dijo hace más de 20 años que “con la democracia se come, se educa y se cura”. A la luz de la realidad podríamos decir que fue una frase exagerada o que falta más democracia. En realidad fue una frase exitosa que abonó el marketing político que el sistema se reinventa cada día para tratar de justificar lo injustificable. Hambre en un país que produce más de 100 millones de toneladas de alimentos, rebrote de enfermedades típicas de la pobreza, mortalidad y prostitución infantil, falta de escuelas a lo largo y ancho de todo el país, sueldos de hambre para los docentes, etc, etc.
Mostrar los impuestos pagos y reclamar seguridad sin comprometerse es no querer ver la profundidad y las verdaderas causas del problema y lo que es peor, reclamarles solución a quienes han generado las políticas de hambruna y exclusión y a las fuerzas de seguridad comprometidas con la corrupción y el gran delito.
La mano dura genera mas resistencia y más inseguridad y muy lejos de resolver el problema lo agrava profundizando la injusticia porque el peso recae sobre los sectores excluidos de la sociedad.
Lejos de estas patéticas recetas anhelamos encontrarnos, acordar, iniciar, caminar juntos, lograr un proyecto de cambio para toda nuestra sociedad.
Para cerrar heridas hay que abrir conflictos.
La convocatoria no tiene propietarios, pero sí necesidad y urgencia.
La gravedad del escenario nos interpela.
La vida reclama.
 Abril de 2009.-
Salvador Yaco – Mónica García – Norma Giménez – Ezequiel Orso
(Carpa de la Unidad – Capitán Bermúdez).
Ana Braghieri – “Beto” Olivares –- M. Juliana Girolimo
(Liga Argentina por los Derechos del Hombre).
Armando Cassinera, Sandro Minnucci, Gustavo Fenoy
(“La Asamblea” – Granadero Baigorria).
Lisandro Brusco, Leandro Zárate, Mauro Testa, Paula López Arango, Hernán Ledesma, Carina Favrat, Elizabeth Roch, Martín Márquez, Raúl Benítez.
(Casa de la Memoria – Rosario).
Pablo Faccendini – Santiago Bortolato – Pablo Mortera – Hernán Barrios
Andrés Sarlengo (periodista – Venado Tuerto)

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